Sunday, June 06, 2010

La Fortaleza Perdida

Al realizar mi labor como profesor me encuentro permanentemente con la existencia del error. Mis estudiantes constantemente cometen errores, y como docente tengo la obligación de evaluar con la calificación más alta a quien no cometió errores y la más baja a quien más se equivocó. Pero al pensar en esto algo ha captado mi atención: la mayoría de las veces cuando mis alumnos tienen errores no caen en la cuenta de que están errando; soy quien les muestro sus errores y esto lo hago poniéndome como referencia y utilizando mi conocimiento que me permite saber cuando algo es correcto y cuando algo no lo es. He notado, además, que a ellos les cuesta trabajo comprender por qué se han equivocado; desde su punto de vista, hacen algo y alguien (en este caso yo) les dice si está incorrecto o correcto y eso se evalúa con calificaciones.

Esta reflexión me lleva a mirar más cosas. Por ejemplo cuando le digo a uno de mis estudiantes que se ha equivocado, en algunos casos tiende a negar su error y hace todo lo posible por demostrar que no se equivocó y en otros casos asume una actitud derrotista en la que se rinde. Todos estos casos tienen en común que en un comienzo la persona no cae en la cuenta de que está cometiendo errores. También me ha ocurrido algo aún más terrible! me he encontrado con estudiantes que para evitar equivocarse hacen trampa, es decir ME MIENTEN, justifican la trampa en una evaluación para hacerme creer que no poseen errores y de esa manera yo les pueda dar una alta calificación.

Algo no está bien en todo esto. Me he dado cuenta de que como profesor voy generando una cultura en la que se valora más el NO EQUIVOCARSE y que eso genera actitudes hacia la MENTIRA y el ENGAÑO, en últimas hacia la CORRUPCIÓN. Algo deberé hacer para corregir mi forma de educar, y para esto me he dado cuenta que debo comenzar aprendiendo a distinguir la diferencia entre ERROR y MENTIRA. Tuve la suerte de encontrarme con una interesante interpretación construida por Ximena Dávila y Humberto Maturana desde el instituto matríztico de Santiago de Chile:


Mentira: La palabra “mentira” hace referencia a situaciones en las cuales uno dice algo en circunstancia de que uno sabe, en el momento en que lo dice, que lo que está diciendo no es válido. O sea, la mentira ocurre en el momento en que ocurre. Uno miente cuando miente. Uno sabe que está mintiendo cuando miente.

Error: El error es diferente. El error ocurre después. “Discúlpenme, ayer me equivoqué. Cometí un error”. “En el momento en que dije lo que dije, yo pensaba que era válido, pero ahora me doy cuenta que por tales circunstancias, que no, me equivoqué”. Uno no se equivoca en el momento en que se equivoca, se equivoca después. Uno vive la experiencia que vive como válida en el momento de vivirla, y es solamente después, en relación con otra experiencia que puede descalificarla como un error.


Si vivo la experiencia como válida y luego al compararla con otra experiencia me doy cuenta de que erré entonces el error no es una incapacidad mental, es un proceso natural de la vida. En cambio, el que miente sabe que está mintiendo en el momento en que miente e incluso después, ya que sigue sabiendo que mintió en el pasado, esto ya sería un proceso artificial del hombre y no natural de la vida. Es posible ir más allá y pensar que, entonces, el camino al aprendizaje se encuentra en la consciencia del error y nunca en la consciencia de la mentira, en otras palabras, la mentira que en últimas lleva a la corrupción no aporta al aprendizaje.

Por lo tanto, una cultura donde no se castigue el error es necesaria para eliminar el círculo vicioso que lleva a la mentira y a la corrupción. La educación debe reformarse en torno al reconocimiento del error como la oportunidad para adquirir una mayor riqueza de experiencias generando un aprendizaje para la vida. El errar permite revisar la propia conducta y los conocimientos propios y contrastarse con otras experiencias de uno mismo y de los otros; llevando en últimas a una posición de apertura frente a los argumentos de los otros y frente a la vida.

Es necesario aprender a abandonar nuestra resistencia a errar y nuestra resistencia a reconocer el error. Esto significa también asumir una actitud que lleve a la capacidad de cambiar la posición propia y de transformarse incorporando nuevas experiencias y nuevas formas de ver la vida.

Es necesario luchar contra la cultura de la corrupción y para ésto hay que empezar una transformación que elimine la mentira, reconociendo el proceso natural de errar y aprovechando el error como parte de un proceso de aprendizaje más humano.

Al escribir estas líneas me veo inmerso en mi propia situación y de forma paralela observo un contexto político en Colombia alrededor de la contienda entre dos candidatos presidenciales: Juan Manuel Santos y Antanas Mockus. Este último ha propuesto el cambio cultural desde la educación como la herramienta fundamental para empezar a eliminar la corrupción, y simultáneamente busca establecer controles fuertes contra la corrupción actual. Al mismo tiempo a Antanas Mockus se le ha subrayado de forma injusta como una persona que se retracta por todo, una persona que comete errores, comportamiento que incluso ha sido amplificado por los medios de comunicación en su afán por mostrar convenientemente sus errores y disminuir el conocimiento de sus aciertos. En otras palabras los medios se aprovechan de la cultura que castiga el error y de forma conveniente lo amplifica para que cada uno de nosotros lo evaluemos como un comportamiento inapropiado. En cambio su contendor es visto como una persona al que le gusta utilizar la picardía. Ambos candidatos representan la reproducción de los mismos comportamientos que he revisado en este escrito, en un caso la picardía que proviene de la capacidad para engañar al otro y conseguir lo que se quiere mostrando esta conducta como si fuera un comportamiento natural y aceptado culturalmente, y en el otro caso la capacidad para reconocer los errores y retractarse de lo dicho.

Retractarse significa la capacidad para reconocer los propios errores de acuerdo a la contrastación con las experiencias de otros. Esto es claramente una FORTALEZA, una fortaleza que muchos seres humanos hemos perdido debido a que desde niños se nos ha castigado injustamente cuando nos equivocamos. Apreciemos a las personas que son capaces de dejar a un lado por un momento su ego y que son capaces de pedirnos perdón, porque poseen la fortaleza de darse cuenta que han errado y no nos esconden sus errores. Con esas personas si podemos construir. Me he dado cuenta de que la educación consiste en poder lograr un comportamiento que permita construir de manera conjunta y responsable desde las experiencias de la vida misma.

Antanas Mockus es una persona con capacidad de reconocimiento del error, ésto significa que es una persona con la que se puede argumentar y será capaz de reconocer los argumentos de los otros cuando son válidos tomándolos en cuenta para construir con ellos. Es una persona consecuente con lo que significa la honestidad y el respeto y como Presidente puede lograr la reproducción de valores honestos en la gente. En cambio si un Presidente utiliza la MENTIRA para lograr sus objetivos, entonces este sabrá que nos miente en el momento en que nos miente y mostrará su comportamiento como si fuera una conducta aceptada. Esto llevará a que reproduzcamos la corrupción en todos nosotros y así todos nos engañaremos entre todos y seguiremos enseñándonos a mentir.

Un País como Colombia necesita una educación con mayor calidad y gobernantes reflexivos de su hacer, ya que es precisamente en este lugar donde no se puede alimentar la corrupción. Y por lo que he podido darme cuenta, la corrupción se encuentra relacionada a la cultura que tenemos, una cultura donde desvalorizamos el error y castigamos a las personas por sus equivocaciones permitiendo que quien nos engañe sea valorado como poseedor de la razón.

Se trata entonces de recuperar para la sociedad la tolerancia con el error porque es la principal herramienta del aprendizaje y la innovación. El error es una de nuestras fortalezas perdidas.

4 comments:

Anonymous said...

Una discusión entre la verdad, la mentira, el acierto y el error la tuvimos hace algunos años con MBF, con relación a mi artículo sobre el polígrafo.

Offtopic: recientemente leí sobre un tercer estado de verdad que algunos llaman Mu o Absurdo ( http://en.wikipedia.org/wiki/Mu_(negative ) usado en lógica de valores múltiples.

Admiro su labor como profesor. Sigo pensando que es mejor que la educación es la solución a muchos de los problemas de la actual sociedad, y por eso prefiero un educador a la cabeza de nuestro país, y no a un militar.

arafat said...

Excelente post amigo. Me alegra ver que desde su posicion como educador esta comenzando a generar cambio preocupandose por incentivar los valores en los futuros profesionales. Mi pregunta es, cuales serian los recursos que se le podrian dar a esos profesionales para desenvolverse en una sociedad que tiene profundamente arraigada la cultura de la mentira.

Urumi said...

Muy interesante argumentación... Como material de reflexión sobre el quehacer docente me parece un valioso aporte aunque sea difícil encontrar una manera de equilibrar las cargas.
En el tiempo que llevo como profesora y tambié mientras fui estudiante he podido observar que algunas veces (creo que la mayoría) una calificación no refleja lo que se busca al darla: verificar un nivel de conocimiento, y porqué no, un nivel de responsabilidad.
Todo esto tiene a mi criterio, un origen: el hecho de que, como seres humanos en general esperamos que se nos ordene u obligue a hacer algo... Básicamente necesitamos que alguen esté "encima nuestro" para hacer lo que SABEMOS que DEBEMOS hacer y por eso se ha implantado un método para verificar que se realizó ese deber: LA EVALUACIÓN.
Tengo mucha tela para cortar sobre el tema pero mi intención no es invadir tu blog y hacer de este post (que ya es el más largo que has escrito según creo) algo más largo aun.
Hasta pronto.

Agente de Cambio said...

Yo pienso que esa necesidad de que alguien esté encima nuestro que menciona Urumi no es una necesidad natural sino que es creada culturalmente permitiendo reproducir el sistema educativo que todos conocemos. Pienso que una cultura de la educación diferente puede darle un significado distinto a lo que estamos acostumbrados a ver.